Nos conocimos la noche que cambiaban la hora a horario de verano. “Si me dejaras subir contigo te ayudaría a cambiar los relojes” me dijo mientras me acompañaba a casa…
Le dije que odiaba particularmente aquella noche del año y el consecuente domingo que le acompañaba. Me dijo que le dejara solucionarlo.
En el trayecto a casa pensé en lo absurdo de cambiar el horario a verano cuando aquella precisa noche estaba lloviendo a cantaros… Pensé en si se me estaría ondulando el pelo bajo el paraguas por la humedad… Pensé en el sonido que hacían mis tacones contra la acera y en si estaría despertando a algún vecino… Pensé en cómo era posible que Marzo ya se estuviera acabando… En que había cumplido 25 años… Pensé en que al día siguiente me gustaría salir a correr… Pensé en ti.
“¿Qué me dices de esos relojes?” – me sonrió una vez llegamos a la puerta del portal.
“Tengo cientos, nos llevará varias horas…”
No pensé que el sonido de la puerta de metal al cerrarse tras nosotros hiciera tanto ruído…

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