
En el mismo momento en que la rodeé con cuidado entre mis brazos, lo sentí fuerte en el pecho. No podía dejar de mirarla.
Mi mirada quedó imantada a sus minúsculos ojitos cerrados, felizmente ignorantes de que una completa extraña como yo los observara fijamente en aquel momento.
Dormía plácidamente, sumergida en el sueño más profundo que he visto nunca en toda mi vida. Ese tipo de sueño que solo puedes tener cuando te sientes completamente en paz con todo lo que te rodea; ese tipo de sueño imperturbable, donde absolutamente ningún pensamiento tiene el poder de pellizcarte el estómago y hacer que te revuelvas en la cama… en definitiva, ese tipo de sueño que imagino, es mucho más fácil tener cuando tienes solo 15 días de vida…
No podía dejar de mirarla. Irradiaba algo tan fuerte…
Mientras la acurrucaba en mi regazo, comprendí que lo que en realidad me embargaba era el darme cuenta de que tenía entre mis brazos el comienzo de una vida sin empezar… un cuadro completamente en blanco con la posibilidad de ser pintado a cualquier color…
Me pregunté cómo sería su vida, que tipo de películas les gustarían, cual sería el primer cd que compraría, si usaría tacones o preferiría llevar deportivas, cuantas veces le romperían el corazón, como bailaría, a qué lugares del mundo querría viajar, en qué le gustaría trabajar, a qué edad daría su primer beso… le gustaría hablar claro? Sería una niña misteriosa? Cuál sería el primer libro que leería? Sabría alguna vez que existió ese momento donde la cogí entre mis brazos y me hice todas estas preguntas?
No podía dejar de mirarla. Irradiaba Vida.
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