Hoy me he despertado en mitad de un sueño de esos de los que da mucho coraje despertar... me hubiera encantado quedarme allí un ratito más... sólo 5 minutitos más...No no, lo siento... los sueños no se cuentan...

Hay silencios incómodos, silencios forzados y silencios tímidos...


No podía existir mayor placer en el mundo que el estar justo allí en aquel preciso momento, estaba segura.
Dos figuras acurrucadas a la orilla del río, absorbían sin compasión los últimos rayos de sol de aquella tarde tonta de abril, sintiendo en cada poro de la piel ese último esfuerzo del sol por no morir un día más; contemplando el espectáculo gratuito de ver como la ciudad se extendía ante ellos sin tocarlos, sin apenas sentirla…
Felizmente ignorados del resto del mundo, recostados en la gravilla de aquel estratégico rincón, nada importaba salvo el hecho de ver como llegaba el caluroso día a su fin. Había tanta gente en el mundo perdiéndose aquel espectáculo por no parar cinco minutos a mirar a su alrededor… él estaba seguro.
Envolviéndose las rodillas con los brazos, ella cerró los ojos en un impulso:
- Cuéntame que ves.
- Lo mismo que tu si abrieras los ojos – respondió él con un guiño en la voz – abre los ojos, te vas a perder el mejor momento.
- He visto cientos de atardeceres desde los mis ojos, hoy quiero verlo desde los tuyos.
Él apartó la mirada del puente un segundo, para observarla. Ella sonreía serenamente con los ojos cerrados.
Con los brazos apoyados en sus rodillas, abrió un ojo en una mueca dulce y repitió firmemente:
- Cuéntame que ves.
Cerró los ojos de nuevo y su rostro se relajó, concentrada, expectante en la sólida calma que los rodeaba.
Saboreando la última calada de su cigarro, él volvió la vista hacia el puente…
- El cielo está naranja. No un naranja fuerte, mas bien clarito… como el de la camiseta que llevabas el otro día… Aun quedan algunos parches azules y si… quizás hay algo rosa también…
El agua del río empieza a verse cada vez más oscura y en la orilla de enfrente hay una hilera de farolas de hierro azul que dentro de poco estarán encendidas alumbrando a la gente que pasa. Por aquí no pasa nadie. En este lugar de la orilla nadie puede vernos. De hecho, si tu no estuvieras y yo nunca lo contara, podría ser como si nunca hubiera sucedido y yo nunca hubiera estado aquí… podríamos decir que ahora mismo somos invisibles.
Disfrutó del silencio un par de segundos y recostó los codos en la gravilla.
- A la izquierda hay un puente que cruza el río y divide el sol casi por la mitad.
Pasan coches y pasean bicicletas y personas demasiado ocupadas para percibir que el día está llegando a su fin y que quizás sea el último… o quizás no lo sea, pero no hay una certeza escrita sobre ello. Quizás todos ellos puedan ver miles de atardeceres más o quizás no, pero ahora mismo tienen uno hermoso golpeándoles en la cara y ninguno para su camino para observarlo un momento… Los espectáculos gratuitos pierden todo su valor aquí…
Posó su mirada en ella para observar su gesto relajado, ahora más sereno que sonriente, pero aun con los ojos aun cerrados, despreocupados.
- Ahora el río ha empezado a comerse al sol. Éste ya no brilla como antes y se le puede mirar a la cara sin necesidad de entrecerrar los ojos. Parece sumiso, entregado al agua que lo apaga y lo empapa con soberbia. Sabe que no hay nada que pueda hacer por evitarlo y estoy seguro de que ni él mismo sabe con certeza si aparecerá mañana otra vez…
¡Mira, se acaban de encender las farolas de la orilla de enfrente! La ciudad entera se sumerge ahora en luz artificial…
Se incorporó y metió las manos en los bolsillos, estaba empezando a refrescar…
- El sol ahora es un semicírculo rojizo y el cielo es púrpura intenso. Es una muerta rápida. Si apartara los ojos ahora para buscar un cigarro, cuando volviera a mirar, ya no estaría. Se ve que en algún lugar del mundo tienen prisa por amanecer…
Huele mucho a primavera. Es una mezcla muy agradable entre azahar, naranjas pisadas y gravilla caliente… es un olor templado que te envuelve… ¿lo notas?
Ella inspiró una gran bocanada de aire y asintió con una sonrisa satisfecha.
- Ya queda muy poco, quizás un minuto. Ahora el sol es un hilo rojo intenso aprisionado entre el puente y el río, ¿tus últimas palabras del día?
Con los ojos aun cerrados se agarró con mas fuerza las rodillas y las palabras salieron atropelladas de su boca:
- Ha sido el atardecer mas bonito que he visto en la vida.
Se hizo el silencio y él apartó la vista del puente, ahora lleno de puntitos blancos que intentaban llenar el vacío que había dejado la gran estrella roja.
- Puedes abrir los ojos, ya se ha ido. Enciéndete un cigarro, celebremos un día más de vida.