
En realidad tienes razón... no pienso mucho en ti. Solo a veces...
Temprano por la mañana, a medio día, por la tarde, por la noche... en los intervalos, un rato antes y un rato después de cada intervalo. Y tambíen durante.


- Hola?
Fue casualidad. No pudo ser más que una exquisita coincidencia que se encontraran justo allí mismo en un día de Marzo tan normal y corriente como cualquier otro.
Absorta, embelesada por los rayos débiles de sol que intentaban, sin mucho éxito, calentarle las mejillas, miraba atentamente un escaparte, observando cada detalle, con los ojos muy abiertos, dulces pero sin perder el punto crítico jamás, escudriñaba cada detalle de aquellos trozos de tela que le devolvían la mirada desde el otro lado del cristal mientras mordisqueaba el filo del vaso de cartón de su café.
- Hola?
Él caminaba deprisa. Siempre lo hacía. En una ciudad tan grande no tenía sentido entretenerse en las distancias. Los pasos eran minutos y el tiempo era oro, eso que siempre faltaba. Con la música golpeando fuerte en sus oídos, todo se veía diferente. Cada canción creaba un mundo nuevo a su alrededor, partiendo del que ya tenía y era precisamente ese el motivo por el que esquivaba el transporte público e iba andando allí a donde pudiera. Deprisa. Tan deprisa que a él mismo le sorprendió posar la vista justo en ese momento en ese escaparate y descubrir una cara más que conocida reflejada en el cristal. Unos ojos inconfundibles.
Con los ojos entrecerrados y aminorando la marcha, se acercó a ella con la misma mirada del que se abre paso entre la maleza de una jungla desconocida. Apoyó levemente la mano en el cristal del escaparate y la observó un segundo antes de que ella notara su presencia… Quizás su color de pelo era algo distinto, pero no había cambiado nada en absoluto. Sin duda, era ella.
- Hola?
- Hola… - por un segundo lo miró como a un completo desconocido, y solo un segundo más tarde el pellizco de su estómago lo reconoció perfectamente – Dios mio! Qué haces tu aquí?
- Vivo aquí! Me mudé hace cosa de un año…
Ninguno se movió de su sitio, como si hubieran quedado pegados a la acera. Se miraban fijamente, intentando ubicar uno al otro en aquel preciso lugar, en aquel justo momento. Como si realmente ninguno estuviera allí y en su lugar hubiera un holograma del otro.
- Pero… ven aquí! – cogiéndola del brazo la acercó a su cuerpo y le rodeó los hombros en un abrazo cálido, que quizás se pasó varios segundos del tiempo de cortesía.
Él le revolvió el pelo y sonrió, esta vez más ubicado.
- Llevas el pelo diferente
- ¿Enserio? Tu estás igual que siempre
- La última vez que nos vimos lo llevabas más corto y algo mas rojizo…
- Puede ser…, es verdad! ¿Cómo puedes acordarte de algo así? – soltó una carcajada
- Recuerdo muchas cosas de la última vez que nos vimos…
- ¡Que dices! No te creo… de eso hace ya unos 3 años, no?
- 3 años y medio más bien… casi 4
Sin saber muy bien por qué, comenzaron a caminar lentamente uno al lado del otro por la acera , alejándose del escaparate.
- Recuerdo que tropezamos por casualidad en la cafetería que hacía esquina, la que estaba justo debajo de la oficina. Por lo visto ya la han cerrado, hace mucho mucho tiempo que no voy por allí… Tu pediste un café con leche y hielo y la chica te miró como si fueras una extraterrestre…
- Es verdad! Siempre solía hacerlo! – ella reía sin parar sin darse cuenta, cada vez más contenta por la coincidencia de haberse encontrado con él minutos antes – No puedo creer que te fijaras en ese detalle…
- Ese es un detalle fácil de recordar, pedías siempre el mismo café, solo que no solíamos tomarlo juntos… - apretó los labios en algo parecido a una sonrisa y ella apartó la mirada de él por un segundo, casi imperceptible.
- Vale, ese era fácil entonces, para impresionarme, tendrás que usar algo más –dijo poniendo voz grave y fingiendo seriedad mientras se ponía las gafas de sol.
- Cuando te vi, estabas esperando tu café en el mostrador y te mirabas cuidadosamente la muñeca con cara de molestia…
- El día anterior me había hecho mi tatuaje – levantó la muñeca en gesto triunfal – aun me dolía un poco… Vale, que te acuerdes de eso si empieza a impresionarme…
- Yo pedí un té con limón y me acerqué a la mesa donde te habías sentado. Enseguida la pusiste patas arriba de papeles. En esa época llevabas aquel caso tan importante que te traía de cabeza, toda la oficina lo comentaba…
- ¡Ni me lo recuerdes!¡Casi me vuelvo loca! Me prometí a mi misma que si salía bien me regalaría un merecido año sabático…que ha resultado ser bastante más… y aquí estoy, aunque por el momento, solo de paso. – Pararon un segundo y se encendieron un cigarro. Sin darse a penas cuenta, habían llegado caminando, al puerto.
- Me encanta esta parte de la ciudad – dijo él mirando alrededor – Suelo venir a hacer footing aquí de vez en cuando. Si te quedas aquí el tiempo suficiente, puedo dejarte venir conmigo alguna vez – añadió sin pensar muy bien lo que estaba diciendo.
- Quizás… aunque nunca suelo quedarme el tiempo suficiente en ninguna parte…- clavó la vista en el imponente edificio que tenía delante y se hizo el silencio.
- ¿Sabes lo que más me llamó la atención de la última vez que te vi, entre tus montañas de carpetas? Llevaba gafas!,unas pequeñitas con monturas rojas, nunca te había visto con ellas…
Ella se echó a reír
- Supongo que solo las utilizabas en situaciones extremas, al igual que utilizar el lápiz en vez de una horquilla para sujetarte el pelo- se burló él
- ¿Sabes? Para no haber trabajado nunca en el mismo departamento y haber coincidido unas pocas veces en la cafetería y en los pasillos, me conoces demasiado bien – levantó una ceja y volvió a sonreir.
- Soy muy observador, te sorprenderías… Ese día en concreto, casi no hablamos. Yo me senté contigo pero tu estabas inmersa en toneladas de papeles. Tenías los ojos algo cansado y mordisqueabas sin parar un boli. Me preguntaste por una película que habían estrenado ese mismo viernes en el cine y que yo había ido a ver con la que entonces era mi chica. Te dije que fue horrible y tu me dijiste que tu plan de fin de semana había consistido en comer fideos chinos mientras veías la reposición de ER. Que no te tomara el pelo. Nos reímos mucho
Ambos se apoyaron en la baranda que daba a los muelles mientras reían por la ocurrencia de la conversación que habían mantenido en esa cafetería cerrada, a miles de kilómetros, 3 años atrás. Se miraron un instante y él sintió un repentino impulso de tocar su mano, apoyada en la baranda cerca de la suya, pero no lo hizo.
- Que triste suena dicha así mi vida, ¿no? Debí parecerte una deprimente cuidagatos… ¿no hablamos nada más?
- No me pareciste deprimente, me pareciste libre y de hecho, te parecerá raro pero, me diste mucha envidia en ese momento… la película fue terriblemente mala – dijo poniendo los ojos en blanco. Volvió a sonreir y apoyó relajado los codos en la baranda, fijando la vista en los barcos amarrados. Estaba atardeciendo. – La verdad es que no hablamos mucho más aquella tarde. Tu le diste el último sorbo a tu café con hielo y empezaste a recoger desordenadamente tus papeles. Te disculpaste por tener que marcharte así, pero tenías mucho trabajo. Me dijiste que esperabas poder tomar un café conmigo algún día sin tantos papeles por delante y “sin esta cara de loca” . Cogiste el bolso, me diste un apretón en el hombro y te fuiste flechada hacía la puerta de la cafetería cargada de cosas… Recuerdo que a mitad de camino paraste un instante, pensé que se te había olvidado algo, pero no volviste la cabeza, seguiste adelante y saliste de allí sin mirar atrás.
Yo te seguí con la mirada. Recuerdo que me hubiera encantado decirte que esa era mi última semana en las oficinas. Me había salido una cosa muy buena en otro sitio y, aunque lo llevaba en absoluto secreto, me iba no solo de la empresa sino a otra ciudad y que por tanto, ese café sin papeles seguramente no llegaría nunca… Recuerdo también que estuve a punto de cogerte la mano antes de que le dieras el último sorbo a tu café, y pedirte que te quedaras conmigo un poco más, quizás solo otro café… el tiempo justo para que la teína me emborrachara la parte racional del cerebro y me dejara decirte que desde el mismo día en el que te ví salir del ascensor de la oficina, hacía entonces un año, por alguna extraña razón, no había hecho otra cosa que pensar en como sería besarte y que me moría de ganas de descubrirlo. Aun sabiendo que ni tus circunstancias ni las mías acompañaban en ese momento… era algo mucho más visceral. Algo que un tio tan cuadriculado como yo, no podía comprender en ese momento… Pero, sin saber como ni por qué, te plantaste en mi cabeza, no dejaba de pensar en ti y nunca dejé de hacerlo…
El silencio se hizo denso. Había oscurecido y las luces de las farolas se acababan de encender. Él apartó la vista del horizonte para clavar la mirada en los ojos de ella, que le devolvía la mirada con una expresión inescrutable…
- Durante los últimos años he pensado mucha veces en que hubiera pasado s si hubiera sabido que esa era la última vez que te vería y me hubiera interpuesto entre la puerta de la cafetería y tu y no te hubiera dejado salir de allí sin mi acompañando a tus toneladas de papeles y tus tacones rojos…
- ¿Llevaba tacones rojos?
- Es lo que mejor recuerdo de todo, sobre todas las demás cosas, el sonido de esos preciosos tacones rojos alejándose paso a paso... Seguro que ellos tuvieron la culpa...
- ¿Estos? – dijo señalándose los pies
- Casi casi los mismo que misteriosamente te han traído de vuelta a mi, a miles de kilómetros, 3 años después como la más grande y exquisita de las casualidades.
- No digas tonterías… Las casualidades no existen.


Mucho, mucho ruido, ruido de tijeras, ruido de escaleras que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido. Tanto ruido y al final…
Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.
Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.
Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.
Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.
Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.
Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
descastado ruido.
Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.
Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.
Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido...