
Para ser un impulso visceral, me haces pensar demasiado.
Me restas importancia a los latidos para dárselos a la lógica.
Para ser un impulso visceral, me castigas duramente lo espontaneo y recompensas lo medido.
Aplaudes mi parte fria e indiferente, rechazas la cálida, la que te quiere cerca... me haces pensar, dejar de comprender...
No se puede satisfacer el hambre de pensamiento e impulso a la vez.
No se puede satisfacer a tu cabeza y a mi corazón.
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