
- No volveré a darte un abrazo más hasta que no me digas la verdad.
Se separó de ella bruscamente mientras cruzaba los brazos en un gesto que, aunque divertido, bien podría haberse confundido con la arrogancia.
Ninguno apartó la mirada de los ojos del otro pero, aunque disfrazada de desafío, en aquella mirada intensa no había más que pesar... Pesar por la carga de una verdad no dicha con la voz, una verdad que valía todo su peso por lo que nunca se habían dicho y ambos conocían en silencio, con exactitud.
Cortando el nítido hilo de conexión forjado entre los dos, ella agachó la mirada, serena, sintiendo cada gramo del peso de las palabaras que se le escaparon firmes de la boca...
- Nunca, nunca te contaré la verdad.
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