
Una vida entera viviendo en aquella casa y nunca se había percatado de aquel huequecito que se formaba entre el mueble de madera cereza y la pared... No sabría decir si fue la curiosidad, siempre presente, o el creciente vacío que sentía en el pecho aquella tarde, el que la impulsó a acurrucarse timidamente allí, en aquel nuevo escondite.
Envolvió las rodillas con los brazos en un gesto caído y apoyó lentamente la mejilla contra la pared azul... la notaba fría contra la cara y sintió alivio. Cerró los ojos y escuchó la profunda respiración de su pecho, que subía y bajaba con cada bocanada de aire...
Minutos despues, las manos pasaron a envolverles los hombros y con las rodillas ladeadas hacía la fría pared, allí, en ese rincón mágico que había estado ante sus ojos todo ese tiempo, se sientió la persona más pequeña del planeta... la más más pequeñita de todas sin escepción, casi invisible....
...y así, acurrucada entre la pared y el mueble cereza, tan pequeña... lo vió todo un poco más claro.
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