Un día me desperté y ya no estabas, y en lugar de ti, un puñado de deudas en mis labios y tres regalos envueltos sin abrir.
Perdí los tickets de la infinita paciencia que despertaste en mi y nunca me diste. Ya sabes, así soy yo... nada material tenía importancia a no ser que tu lo hubieras tocado primero. Cambié mi habitual tequila por beber los vientos por ti, por beberte con la mirada y lamer tu piel, tu boca y tus heridas.
Tu piel siempre me ha sabido a café y tu olor ha tardado meses en irse de mi cama. Meses, muchos. Incluso si aun no ha pasado ni uno solo, aquí hace años que te fuiste. El morado de mis paredes ya casi nunca pregunta por ti. Mi camisón de encaje chilla tu nombre y yo me río y lo invito a bailar por el pasillo que alguna vez nos vio pelearnos a mordiscos, sin piedad.
Puedes rescatar algún momento de tantos, envolverlo en mermelada de fresa y pasearlo por delante de mis ojos, lo mismo me sacas una sonrisa, lo mismo me siento y lo comparto contigo. Puedes intentar esquivar mi mirada, ignorar que estoy aquí, fingir que todo ha sido un sueño, que duró lo mismo que un flash en mi cámara que nunca llegamos a usar. Puedes caminar en círculos a mi al rededor o al rededor de cualquier otra. Puedes hablar hablar y hablar o como de costumbre, mejor no decir nada. Puedes no pensar en mi y acordarte alguna tarde tonta de Septiembre mientras llueve en la ventana y suena alguna de esas canciones. Yo mientras me encenderé un cigarro y me lo fumaré a tu salud.
Puedes desaparecer delante de mis ojos, partirte el alma intentando seguirme el rastro. Besar las paredes, besar mil bocas, aliviar tu conciencia, escribir mil fechas cifradas o resetear todo lo que nunca fuimos...
Puedes volver todas las veces que quieras o ninguna en absoluto. Ya no tienes ningún efecto en mi, como las medicinas caducadas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario